En torno a la prueba testimonial y a su relación con el principio de inmediatez, la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación al resolver el amparo directo 78/2012 realizó varias precisiones:

Cuando se lleva a cabo una prueba testimonial, el órgano jurisdiccional debe valorar las características y circunstancias que concurren en cada testigo, prestando especial atención a la manera en que narra lo que presenció para así valorar si las manifestaciones son verosímiles. Ello se debe a que las testimoniales son un medio probatorio con una fiabilidad relativa, en virtud de que el conocimiento que adquieren los testigos suele ser circunstancial y fugaz.

Por lo tanto, en la valoración de los testimonios se deben tomar en consideración las reglas de la lógica en relación a las condiciones en que se produjo la percepción por parte del testigo (factores físicos), así como si existe algún interés que pueda influir sobre su voluntad u otra circunstancia que influyendo en su ánimo lo pueda apartar, consciente o inconscientemente, de la verdad (factores psicológicos).

Sin embargo, la valoración que hace el juzgador de la testimonial, no solo ha de extenderse a dichas características o circunstancias, sino que también debe realizarse un ejercicio de confrontación con las declaraciones de otros testigos y, en caso de que no sea la primera declaración del testigo, es importante comparar tales manifestaciones con las que hubiese realizado con anterioridad.

Dicha confrontación entre las testimoniales se encuentra sujeta al denominado principio de inmediatez, mismo que acorde a la tesis aislada de esta Primera Sala de rubro TESTIGOS. INMEDIATEZ EN LAS DECLARACIONES DE LOS. CONCEPTOS DEL PRINCIPIO”, publicada en el Semanario Judicial de la Federación, Séptima Época, volumen 109-114, segunda parte, p. 104; no implica que deba darse mayor crédito al testimonio de la persona que declara antes, sino que entre dos declaraciones emitidas por una misma persona, merece crédito preferente la primera en tiempo.

En efecto, a consideración de la Primera Sala, a partir del citado principio de inmediatez, por regla general se tendrá que dar mayor crédito a la primera declaración de una persona, sin que ello implique una regla estricta o que no admita solución en contrario, ya que la determinación que se haga en el caso en concreto, dependerá del análisis que el juzgador realice de las circunstancias que de forma particular concurran en el asunto.

Así, el juzgador deberá confrontar ambas testimoniales (es decir, la rendida en un primer momento y la rectificación que sobre la misma se hubiese realizado), a efecto de valorar cuál de ellas es más verosímil, ello acorde al resto de elementos de convicción que constan en el expediente, a la actitud y narración del testigo en ambas declaraciones, a los factores externos e internos que hubiesen podido influir en uno u otro momento, y al tiempo transcurrido entre una declaración y la otra, esto es, entre mayor sea el tiempo transcurrido entre las testimoniales, la preferencia que se otorgue a la primera declaración también aumentará, pues debido a que, como ya se indicó, el testigo capta los sucesos de forma circunstancial y fugaz, por regla general sus dichos tendrán un mayor asidero en la realidad en tanto más cercanos sean en un aspecto temporal a los hechos que los originaron.

Es indispensable recordar que el juzgador debe condenar únicamente cuando tenga convicción sobre la culpabilidad del acusado. Dicha convicción es un producto del análisis de los medios de convicción que constan en el expediente, es decir, una sentencia condenatoria es la adopción del juzgador de una hipótesis generada a partir de los elementos probatorios a su alcance.

El principio de inmediatez aplicado a las testimoniales no es más que un reflejo de lo anterior, esto es, que se realice un análisis de razonabilidad y pertinencia en torno al cúmulo probatorio, a efecto de poder concluir si en base al mismo es posible extraer la responsabilidad penal del acusado.

Es por ello que en el supuesto de que una persona rinda varias declaraciones, el juzgador deberá emprender un análisis conjunto de las mismas, pues en el caso de que éstas sean discordantes se tendrá que elegir el escenario más verosímil, ello acorde a los parámetros indicados en los párrafos precedentes.

Dicho análisis deberá realizarse sin importar la categoría en la que se pretenda clasificar al testigo (de cargo, de descargo, presencial, de referencia, etcétera), pues sostener la postura contraria implicaría caer en el absurdo de que la declaración de un testigo se encuentra exenta de un análisis de razonabilidad debido a una categoría asignada por el propio órgano jurisdiccional, lo cual violentaría el marco constitucional, en el sentido de que una determinación de culpabilidad debe partir de forma necesaria e indispensable de una plena convicción del juzgador al respecto. El asunto dio origen a la Tesis Aislada de rubro y texto siguientes:

PRUEBA TESTIMONIAL. EL PRINCIPIO DE INMEDIATEZ ES APLICABLE SIN IMPORTAR LA CATEGORÍA EN LA CUAL SE PRETENDA CLASIFICAR AL TESTIGO. A juicio de esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuando se lleva a cabo el desahogo de una prueba testimonial, el órgano jurisdiccional debe valorar las características y circunstancias que concurren en cada testigo, prestando especial atención a la manera en que narra lo que presenció, para así valorar si las manifestaciones son verosímiles. Por lo tanto, en la valoración de los testimonios se deben tomar en consideración las reglas de la lógica en relación con las condiciones en que se produjo la percepción por parte del testigo (factores físicos), así como si existe algún interés que pueda influir sobre su voluntad u otra circunstancia que influyendo en su ánimo lo pueda apartar, consciente o inconscientemente, de la verdad (factores psicológicos). Dicha valoración no sólo ha de extenderse a tales características o circunstancias, sino que también debe realizarse un ejercicio de confrontación con las declaraciones de otros testigos y, en caso de que no sea la primera declaración del testigo, es importante comparar tales manifestaciones con las que hubiese realizado con anterioridad. Ello es así, pues por regla general se tendrá que dar mayor crédito a la primera declaración de una persona, sin que ello implique una regla estricta o que no admita solución en contrario, ya que la determinación que se haga en el caso en concreto, dependerá del análisis que el juzgador realice de las circunstancias que de forma particular concurran en el asunto, a lo cual se le conoce como principio de inmediatez. El análisis antes señalado deberá realizarse sin importar la categoría en la que se pretenda clasificar al testigo (de cargo, de descargo, presencial, de referencia, etcétera), pues sostener la postura contraria implicaría caer en el absurdo de que la declaración de un testigo se encuentra exenta de un análisis de razonabilidad debido a una categoría asignada por el propio órgano jurisdiccional, lo cual violentaría el marco constitucional, en el sentido de que una determinación de culpabilidad debe partir de forma necesaria e indispensable de una plena convicción del juzgador al respecto. Localización: [TA] ; 10a. Época; 1a. Sala; S.J.F. y su Gaceta; Libro XXV, Octubre de 2013; Tomo 2; Pág. 1060. 1a. CCLXXXVIII/2013 (10a.).

Categorías: Doctrina

0 comentarios

Yuju · 20 abril, 2017 a las 12:35 am

Desafortunadamente por la excesiva carga de trabajo en los distintos órganos jurisdiccionales del país éste principio se ve opacado o prácticamente minimizado, los juzgadores no tienen el tiempo suficiente para realizar el análisis minucioso de las testimoniales manifestadas por los testigos y mucho menos para confrontarlas entre sí, si es que fueron diversas declaraciones, o contra las vertidas por los demás testigos, para poder así llegar a la plena convicción de la responsabilidad del imputado. Ojalá que esto cambie con la implementación del nuevo sistema de justicia.

Carla · 7 mayo, 2017 a las 2:21 pm

Existen tantas incongruencias entre lo que se hace y lo que se debería hacer. la carga de trabajo excesiva y el desinterés de las personas solo termina en procesos mal investigados y documentados. Si el sistema de justicia cambiara realmente abría menos culpables con grandes condenas y menos crimínales en las calles

Andrea Gonzalez · 15 junio, 2017 a las 12:30 am

Es deprimente que aún no se haya logrado la valoracion de testimonios cuyo unico objetivo es dejar atrás el sistema inquisitivo, resulta increible que los propios servidores públicos aún no tengan la madurez para tomar esto enserio, el objetivo es cambiar este sistema ya que no ayuda en nada a probar la plena responsabilidad del imputado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *